de los Cuentos

 

 

Erase una vez ...

 

Erase una vez... un ciervo muy engreido.

Cuando se detuvo para beber en un arroyuelo, se contemplaba en el espejo de sus aguas. "¡Que hermoso soy!", se decia, ¡No hay nadie en el bosque con unos cuernos tan bellos!"

Como todos los ciervos, tenia las piernas largas y ligeras, pero el solia decir que preferiria romperse una pierna antes de privarse de un solo vastago de su magnifica cornamenta.

¡Pobre ciervo, cuan equivocado estaba!

Un dia, mientras pastaba tranquilamente unos brotes tiernos, escucho un disparo en la lejania y ladridos de perros...! ¡Sus enemigos!

Sintio temor al saber que los perros son enemigos acerrimos de los ciervos, y dificilmente podria escapar de su persecucion si habian olfateado ya su olor. ¡Tenia que escapar de inmediato y aprisa! De repente, sus cuernos se engancharon en una de las ramas mas bajas. Intento soltarse sacudiendo la cabeza, pero sus cuernos fueron aprisionados firmemente en la rama.

Los perros estaban ahora muy cerca.

Antes de que llegara su fin, el ciervo aun tuvo tiempo de pensar: "¡Que error cometi al pensar que mis cuernos eran lo mas hermoso de mi fisico, cuando en realidad lo mas preciado eran mis piernas que me hubiesen salvado, no mi cornamenta que me traiciono"

 

 

 

 

Sirenita

 

Habia una vez... en el fondo del mas azul de los oceanos, un maravilloso palacio en el cual habitaba el Rey del Mar, un viejo y sabio triton que tenia una abundante barba blanca.

Vivia en esta esplendida mansion de coral multicolor y de conchas preciosas, junto a sus hijas, cinco bellisimas sirenas.

Sirenita, la más joven, ademas de ser la mas bella, poseia una voz maravillosa; cuando cantaba acompañándose con el arpa, los peces acudian de todas partes para escucharla, las conchas se abrian, mostrando sus perlas, y las medusa al oirla dejaban de flotar.
La pequeña sirena casi siempre estaba cantando, y cada vez que lo hacia levantaba la vista buscando la debil luz del sol, que a duras penas se filtraba a traves de las aguas profundas.

"¡Oh!, ¡Cuanto me gustaria salir a la superficie para ver por fin el cielo que todos dicen que es tan bonito, y escuchar la voz de los hombres y oler el perfume de las flores!"
"Todavia eres demasiado joven". Respondio la madre. "Dentro de unos años, cuando tengas quince, el rey te dara permiso para salir a la superficie, como a tus hermanas".

Sirenita soñaba con el mundo de los hombres, el cual conocia a traves de los relatos de sus hermanas, a quienes interrogaba durante horas para satisfacer su inagotable curiosidad cada vez que volvian de la superficie.
En este tiempo, mientras esperaba salir a la superficie para conocer el universo ignorado, se ocupaba de su maravilloso jardin ornado con flores maritimas. Los caballitos de mar le hacian compañia y los delfines se le acercaban para jugar con ella; unicamente las estrellas de mar, quisquillosas, no respondian a su llamada.

Por fin llego el cumpleaños tan esperado y, durante toda la noche precedente, no consiguio dormir.
A la mañana siguiente el padre la llamo y, al acariciarle sus largos y rubios cabellos, vio esculpida en su hombro una hermosisima flor.
"¡Bien, ya puedes salir a respirar el aire y ver el cielo! ¡Pero recuerda que el mundo de arriba no es el nuestro, solo podemos admirarlo! Somos hijos del mar y no tenemos alma como los hombres, Se prudente y no te acerques a ellos. ¡Solo te traerian desgracias!"

Apenas su padre termino de hablar, Sirenita le dio un beso y se dirigio hacia la superficie, deslizandose ligera. Se sentia tan veloz que ni siquiera los peces conseguian alcanzarla.


De repente emergio del agua. ¡Que fascinante! Veia por primera vez el cielo azul y las primeras estrellas centelleantes al anochecer .
El sol, que ya se habia puesto en el horizonte, habia dejado sobre las olas un reflejo dorado que se diluia lentamente. Las gaviotas revoloteaban por encima de Sirenita y dejaban oir sus alegres graznidos de bienvenida. "¡Que hermoso es todo!" exclamo feliz, dando palmadas.

Pero su asombro y admiracion aumentaron todavia: una nave se acercaba despacio al escollo donde estaba Sirenita. Los marinos echaron el ancla, y la nave, asi amarrada, se balanceo sobre la superficie del mar en calma.
Sirenita escuchaba sus voces y comentarios. "¡Como me gustaria hablar con ellos!". Penso. Pero al decirlo, miro su larga cola cimbreante, que tenia en lugar de piernas, y se sintio acongojada: "¡Jamas sere como ellos!".

A bordo parecia que todos estuviesen poseidos por una extraña animacion y, al cabo de poco, la noche se lleno de vitores: "¡Viva nuestro capitan! ¡Vivan sus veinte años!".

La pequeña sirena, atonita y extasiada, habia descubierto mientras tanto al joven al que iba dirigido todo aquel alborozo. Alto, moreno, de porte real, sonreia feliz. sirenita no podia dejar de mirarlo y una extraña sensacion de alegria y sufrimiento al mismo tiempo, que nunca habia sentido con anterioridad, le oprimio el corazon.

La fiesta seguia a bordo, pero el mar se encrespaba cada vez mas.
Sirenita se dio cuenta enseguida del peligro que corrian aquellos hombres: un viento helado y repentino agito las olas, el cielo entintado de negro se desgarro con relampagos amenazantes y una terrible borrasca sorprendio a la nave desprevenida.
"¡Cuidado! ¡El mar...!" En vano Sirenita grito y grito. Pero sus gritos, silenciados por el rumor del viento, no fueron oidos, y las olas, cada vez mas altas, sacudieron con fuerza la nave.
Despues, bajo los gritos desesperados de los marineros, la arboladura y las velas se abatieron sobre cubierta, y con un siniestro fragor el barco se hundio.

Sirenita, que momentos antes habia visto como el joven capitan caia al mar, se puso a nadar para socorerlo.
Lo busco inutilmente durante mucho rato entre las olas gigantescas. Habia casi renunciado, cuando de improviso, milagrosamente, lo vio sobre la cresta blanca de una ola cercana y, de golpe lo tuvo en sus brazos.
El joven estaba insconciente, mientras Sirenita, nadando con todas sus fuerzas, lo sostenia para rescatarlo de una muerte segura. Lo sostuvo hasta que la tempestad amaino.

Al alba, que despuntaba sobre un mar todavia livido, Sirenita se sintio feliz al acercarse a tierra y poder depositar el cuerpo del joven sobre la arena de la playa.
Al no poder andar, permanecio mucho tiempo a su lado con la cola lamiendo el agua, frotando las manos del joven y dandole calor con su cuerpo. Hasta que un murmullo de voces que se aproximaban la obligaron a buscar refugio en el mar. "¡Corred! ¡Corred!" gritaba una dama de forma atolondrada. "¡Hay un hombre en la playa!" "¡Esta vivo! ¡Pobrecito! ¡Ha sido la tormenta...! ¡ Llevemosle al castillo!" "¡No!¡No! Es mejor pedir ayuda..." La primera cosa que vio el joven al recobrar el coocimiento, fue el hermoso semblante de la mas joven de las tres damas.
"¡Gracias por haberme salvado!" Le susurro a la bella desconocida.

Sirenita, desde el agua, vio que el hombre al que habia salvado se dirigia hacia el castillo, ignorante de que fuese ella y no la otra, quien lo habia salvado.
Pausadamente nado hacia el marabierto; sabia que, en aquella playa, detras suyo, habia dejado algo de lo que nunca hubiera querido separarse. ¡Oh! ¡Que maravillosas habian sido las horas transcuridas durante la tormenta teniendo al joven entre sus brazos!

Cuando llego a la mansion paterna, Sirenita empezo su relato, pero de pronto sintio un nudo en su garganta y, echandose a llorar, se refugio en su habitación.
Dias y mas dias permanecio encerrada sin querer ver a nadie, rehusando incluso hasta los alimentos. Sabia que su amor por el joven capitan era un amor sin esperanza, porque ella, Sirenita, nunca podria casarse con un hombre.

Solo la Hechicera de los Abismos podia socorrerla. Pero, ¿a que precio? A pesar de todo decidio consultarla.
"¡...por consiguiente, quieres deshacerte de tu cola de pez! Y supongo que querras dos piernas. ¡De acuerdo! Pero deberas sufrir atrozmente y, cada vez que pongas los pies en el suelo sentiras un terrible dolor."

"¡No me importa" respondio Sirenita con lagrimas en los ojos, "a condicion de que pueda volver con el!"
"¡No he terminado todavia!" dijo la vieja." Deberas darme tu hermosa voz y te quedaras muda para siempre!
Pero recuerda: si el hombre que amas se casa con otra, tu cuerpo desaparecera en el agua como la espuma de una ola.
"¡Acepto!" dijo por ultimo Sirenita y, sin dudar un instante, le pidio el frasco que contenia la pocion prodigiosa.

Se dirigio a la playa y, en las proximidades de su mansion, emergio a la superficie; se arrastro a duras penas por la orilla y se bebio la pocima de la hechicera.
Inmediatamente, un fuerte dolor le hizo perder el conocimiento y cuando volvio en si, vio a su lado, como entre brumas, aquel semblante tan querido sonriendole.

El principe alli la encontro y, recordando que tambien el fue un naufrago, cubrio tiernamente con su capa aquel cuerpo que el mar habia traido. "No temas" le dijo de repente,"estas a salvo. ¿De donde vienes?" Pero Sirenita, a la que la bruja dejo muda, no pudo responderle.
"Te llevare al castillo y te curare." Durante los dias siguientes, para Sirenita empezo una nueva vida: llevaba maravillosos vestidos y acompañaba al principe en sus paseos.
Una noche fue invitada al baile que daba la corte, pero tal y como habia predicho la bruja, cada paso, cada movimiento de las piernas le producia atroces dolores como premio de poder vivir junto a su amado.
Aunque no pudiese responder con palabras a las atenciones del principe, este le tenia afecto y la colmaba de gentilezas.

Sin embargo, el joven tenia en su corazon a la desconocida dama que habia visto cuando fue rescatado despues del naufragio. Desde entonces no la habia visto mas porque, despues de ser salvado, la desconocida dama tuvo que partir de inmediato a su pais.
Cuando estaba con Sirenita, el principe le profesaba a esta un sincero afecto, pero no desaparecia la otra de su pensamiento.
Y la pequeña sirena, que se daba cuenta de que no era ella la predilecta del joven, sufria aun mas.

Por las noches, Sirenita dejaba a escondidas el castillo para ir a llorar junto a la playa. Pero el destino le reservaba otra sorpresa.
Un dia, desde lo alto del torreon del castillo, fue avistada una gran nave que se acercaba al puerto, y el principe decidio ir a recibirla acompañado de Sirenita.
La desconocida que el principe llevaba en el corazon bajo del barco y, al verla, el joven corrio feliz a su encuentro.
Sirenita, petrificada, sintio un agudo dolor en el corazon. En aquel momento supo que perderia a su principe para siempre.

La desconocida dama fue pedida en matrimonio por el principe enamorado, y la dama lo acepto con agrado, puesto que ella tambien estaba enamorada.
Al cabo de unos dias de celebrarse la boda, los esposos fueron invitados a hacer un viaje por mar en la gran nave que estaba amarrada todavia en el puerto. Sirenita tambien subio a bordo con ellos, y el viaje dio comienzo.

Al caer la noche, Sirenita, angustiada por haber perdido para siempre a su amado, subio a cubierta. Recordando la profecia de la hechicera, estaba dispuesta a sacrificar su vida y a desaparecer en el mar.
Procedente del mar, escucho la llamada de sus hermanas: "¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Somos nosotras, tus hermanas! ¡Mira! ¿Ves este puñal? Es un puñal magico que hemos obtenido de la bruja a cambio de nuestros cabellos.
¡Tomalo y, antes de que amanezca, mata al principe! Si lo haces, podras volver a ser
" Como en un sueño, Sirenita, sujetando el puñal, se dirigió hacia el camarote de los esposos.
Mas cuando vio el semblante del principe durmiendo, le dio un beso furtivo y subio de nuevo a cubierta.
Cuando ya amanecia, arrojo el arma al mar, dirigio una ultima mirada al mundo que dejaba y se lanzo entre las olas, dispuesta a desaparecer y volverse espuma.
Cuando el sol despuntaba en el horizonte, lanzo un rayo amarillento sobre el mar y, Sirenita, desde las aguas heladas, se volvio para ver la luz por ultima vez.
Pero de improviso, como por encanto, una fuerza misteriosa la arranco del agua y la transporto hacia lo mas alto del cielo.
Las nubes se teñian de rosa y el mar rugia con la primera brisa de la mañana, cuando la pequeña sirena oyo cuchichear en medio de un sonido de campanillas: "¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Ven con nosotras!"

"¿Quienes sois?" murmuro la muchacha, dandose cuenta de que habia recobrado la voz "¿Donde "
"Estas con nosotras en el cielo. Somos las hadas del viento.
No tenemos alma como los hombres, pero es nuestro deber ayudar a quienes hayan demostrado buena voluntad hacia ellos.

" Sirenita , conmovida, miro hacia abajo, hacia el mar en el que navegaba el barco del principe, y noto que los ojos se le llenaban de lagrimas, mientras las hadas le susurraban: "¡Fijate! Las flores de la tierra esperan que nuestras lagrimas se transformen en rocio de la mañana. ¡Ven con nosotras!

 

 

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