El Sea Cloud....., un velero de 110 metros


El Sea Cloud lleva navegando desde 1931.
Año en que E.F. Hutton, un magnate neoyorquino, regaló un espléndido yate de recreo de cuatro mástiles a su esposa Marjorie Merriweather, rica heredera y mujer de negocios.

El barco, bautizado como Hussar fue decorado al gusto de Marjorie, quien antes de la existencia del barco reprodujo su interior simulándolo en un almacén portuario para realizar pruebas de mobiliario. Durante el primer año de navegación, la pareja realizó un crucero de nueve meses, llevando su estilo de vida lujoso a todos los puertos que visitaban, donde invitaban a cenas y fiestas a las personalidades locales.
A pesar de una vida opulenta, variada y muy viajera, el matrimonio hizo aguas y cuatro años después de la botadura del Hussar, llegó el divorcio. En el reparto de propiedades, ella se quedó con el barco, al que rebautizó como Sea Cloud y lo convirtió en una embajada y misión comercial oficiosa de Estados Unidos viajando por el mundo, invitando a millonarios, celebridades y diplomáticos a bordo. Incluso altos dignatarios de EE.UU. y la Unión Soviética se alojaron a bordo simultáneamente en una visita del velero a Leningrado, de donde tuvo que salir a toda prisa cuando la guerra mundial era inminente y la marina alemana estaba al acecho.

 

 

Durante el conflicto armado, el barco fue movilizado por la armada estadounidense, que le despojó de mástiles, le dotó de armamento y navegando únicamente a motor como IX-99 realizó tareas militares de vigilancia, guardacostas y trasmisión de datos. De ahí que aun hoy el barco luzca una placa bajo el puente de mando con unas barras doradas que recuerdan sus años de servicio militar, que terminó en 1946 y volvió a manos de sus propietarios, que invirtieron una fortuna en recuperar su aspecto original tras su paso por un mundo para el que no estaba preparado.
A pesar de ser el yate privado más grande de EE.UU., el entonces marido de Merriweather no tenía mucha sangre marinera y lejos de disfrutar a bordo se mareaba continuamente y perdió interés en navegar. Esa circunstancia, unida a que los costes de mantenimiento del barco y los sueldos de 70 tripulantes no eran precisamente económicos, empujó al matrimonio a vender el velero a un curioso personaje que se había enamorado de éste tras haber viajado a bordo.

 

 

En 1955, Leónidas Trujillo, el tristemente famoso dictador dominicano, pasó a ser el nuevo dueño, que renombró como Angelita a su nuevo barco de recreo. Chapita, -como era conocido Trujillo por su afición a las condecoraciones-, no pudo disfrutar demasiado de su residencia flotante, ya que fue asesinado en 1961. A pesar de su entierro en un panteón bajo el altar de una iglesia de la ciudad de San Cristóbal, sus allegados temieron que su tumba fuese profanada y trasladaron su cuerpo al Angelita, que zarpó inmediatamente cargado de objetos valiosos y una cantidad indeterminada de dinero con sus familiares y colaboradores más próximos, con destino a la Costa Azul, donde pensaban vivir un discreto retiro dorado. Para cuando llegaron a Canarias el barco recibió la orden del nuevo gobierno de regresar al país -dinero y bienes se perdieron por el camino- y pasó a formar parte de la armada dominicana.

 

Poco después fue vendido en dos ocasiones y tras unos años sin actividad fue reconvertido en un híbrido de buque escuela civil para estudiantes con posibles, una idea que fracasó al poco tiempo y el velero, que había vuelto a cambiar hasta tres veces de nombre, quedó abandonado en Puerto Colón, Panamá.

 

 

Un grupo de marinos mercantes, empresarios y amantes del mar alemanes tuvieron noticia de la situación del velero. Volaron hasta Panamá para recuperarlo y lo compraron prácticamente al peso. Tras una dura travesía hasta Hamburgo, llevaron al Sea Cloud hasta el astillero donde se construyó en los años 30, allí pudieron devolverle su aspecto original, un trabajo de casi nueve meses tras el que el barco renació reconvertido en un elegante velero de cruceros con capacidad para 64 pasajeros, atendidos por 60 tripulantes. Al ser diseñado originalmente como yate privado, algunos de sus camarotes tienen algunos detalles curiosos como chimeneas, lavabos con mármol de Carrara o algunos de los muebles originales.

 

 

El ambiente a bordo dista mucho del de los actuales buques de crucero al llevar un numero tan limitado de pasajeros, que saben de las peculiaridades de este barco y disfrutan cuando navega a vela, extendiendo sus 30 velas que ocupan unos 3.000m2 de superficie.
Este año el velero celebra su 80 aniversario como buque de cruceros.
Desde que se dedica a ello, suele pasar los meses de primavera y verano en Europa y Mediterráneo, mientras que los inviernos suele estar basado en el Caribe.

 

 

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